Hannah Arendt y la insoportable levedad del mal

Pasa y cierra la puerta; vamos a hacer un ejercicio de acrobacia mental para hablar de Hannah Arendt, de su idea del totalitarismo, del nuevo orden mundial, del final de la historia, de un mundo feliz, de 1984, de redes sociales, de libertad y de muchas otras cosas que tendremos que tocar para lograr crear una nueva senda de pensamiento. 

Hannah Arendt

Empecemos con Hannah, sí, una mujer que, además, resulta que es una de las mentes más preclaras que ha dado el siglo XX.

Lamentablemente, no ha sido escuchada. Ha sido deconstruida, simplificada, empaquetada, vaciada de sentido y comercializada. Como a todas las mentes pensantes, tampoco es que hayan ido a por ella con saña especial. Pero resulta conmovedor ver a la intelectualidad mainstream usar a Hannah Arendt para defender totalitarismos implícitos. Vamos a desarrollar esto…

No me extenderé en presentar a Hannah Arendt; era una niña inteligente y culta que desde muy joven entró en los círculos intelectuales de la Alemania de entreguerras. En esa época debatió con algunos de los más importantes filósofos del mundo de tú a tú. Incluso tuvo un romance con Heidegger, que acabó mal, ya que éste se enroló a las SS y Hannah era judía… No podía acabar bien.

Fue detenida por la Gestapo brevemente por ayudar a escapar a judías a Israel. Después huyó a Francia, donde acabó en un campo de internamiento del que escapó, pasó por Lisboa y llegó a los US. No me extenderé en su biografía; léela. Tiene autoridad intelectual y moral de sobras como para ser escuchada. Ella es una de esas personas que realmente abren camino al pensamiento.

Nos centraremos en dos de sus ideas: el totalitarismo y la banalidad del mal.

Lo primero que tenemos que aclarar es su concepto de totalitarismo. Y debemos aclararlo porque el término ha sido desnaturalizado y, en cierta medida, olvidado.

Es lo que tiene la propaganda, el marketing de las ideas. Que la banalización está reñida con el pensamiento. Que la ausencia de matices es la muerte del pensamiento, de la condición humana.

Vamos a hacer un ejercicio para el caso de España. Podría ser cualquier otro de Latinoamérica o Europa pero no importa mucho, ya verás.

Trata de decir todos los sinónimos de facha: fascista, nazi, ultraderechista, franquista, nostálgico, falangista… (pon los que quieras).

¿No echas de menos ninguna?

Totalitarista. No parece ni insulto. Totalitarista. Apenas se usa. Parece referirse a los kaisers prusianos. Pero no. El totalitarismo es el verdadero peligro al que nos enfrentamos como Humanidad. Y lo tenemos a la vuelta de la esquina: ya se está implantando… El Nuevo Orden Mundial… 😜

Totalitarismo

Arendt, pensadora libérrima y arriesgada, quiso entender qué había pasado para llegar a la Shoah; al porqué y cómo últimos desde una perspectiva filosófica.

Y esto era algo fuera del guión… Los vencedores habían impuesto un relato monolítico respecto a lo que había pasado. Unos supervillanos la habían liado parda. Unos supervillanos de cómic. Hitler una especie de Jocker. Los nazis hordas zombies. Todo claro y meridiano. Malísimos y buenísimos.

El problema es que este análisis tan pueril y simplista no iba a evitar que se repitiera. Con otra cara. Bajo otra forma. Pero pasaría. Y mucho antes de lo que pensamos…

Lo que hizo Arendt fue identificar una nueva categoría de régimen o sistema: el totalitarismo. Y circunscribió en él al nazismo y, posteriormente, al estalinismo. El error que cometió fue el permitirse una pequeña licencia comercial: organizar el discurso centrada en la delimitación y caracterización del totalitarismo, más que en ahondar en la maldad intrínseca del totalitarismo. Un clickbait en toda regla. Un 10 indicios de que… más que un Reflexiones acerca de…

Nada que objetar en todo caso. Lo malo es que lo que permanece es la forma, no el fondo. Y así, la maldad intrínseca del totalitarismo queda diluida en las reglas para detectar el totalitarismo. Y las reglas, hoy en día, se amoldan a lo que nos dé la gana…

Ya nada es totalitario porque todo es totalitario. El franquismo, el fascismo, el comunismo, las nostálgicas de un régimen, las conservadoras, las feminazis, las ateas, las populistas, las racistas, las ideologías de género, las indigenistas, Irán, Arabia Saudí, Venezuela…

Y el concepto de totalitario permanece mudo. Nadie se acuerda de él. Pobrecito…

Totalitario es una nueva forma de maldad extrema. Un sistema intrínsecamente malo desde un punto de vista filosófico porque anula a las personas bajo la égida de un mundo perfecto. Así de simple. Una religión sin dioses. La religión de la Hormiga. La del comunismo y la del fascismo. Un Estado omnisciente y omnipotente que provee todo. En nombre del proletariado, de la patria, de dios o de su puta madre. Disfrázalo de izquierda o derecha. De liberal o conservadora. El resultado es el mismo.

El totalitarismo, teniendo al nazismo y al estalinismo como modelos, son regímenes absolutos en su cosmovisión universalista, en su ejecución omnipresente y en su comunión con una masa entregada y alienada. Es decir, el totalitarismo es un régimen que convierte a las personas en populacho, en su peor acepción (diferente al lumpenproletariado marxista), creando su destino. Es la comunión de la Masa no-pensante con el régimen que provee dirección en todo. Entrégate al Estado y el Estado proveerá. Y todas seremos libres. Todas libres, seguras, libres, tranquilas, libres, felices, libres, reconocidas, libres, empoderadas, libres, iguales, libres…

Porque ¿qué es la Libertad? Poder comprarme lo que quiera. Poder tener un piso. O una casa. Y una bici. Y follar con quien quiera. Y votar a quien quiera. E ir de vacaciones a países exóticos.

Me temo que el problema es el concepto de Libertad. No tenemos muy claro qué es la Libertad porque han vaciado el concepto.

La Libertad es, principalmente una posición intelectual. Es erigirse en entidad pensante y crítica. Libertad es que yo pueda conformar mi cosmovisión, te guste a tí o no. Y esa es mi libertad fundamental. Que tú no me obligues a pensar como tú. Que el populacho queme a las brujas. O hagan un pogromo. O acosen por Twitter para que ese monstruo pierda su trabajo y su dignidad y derecho como persona.

No lo ves. No lo vemos. Ya estamos allí. Aquí. No hablo de los progres. Ni de la ideología de género. Te hablo de todo. De ese juego de izquierda-derecha. De esa falsa sensación de iconoclasta crítica que tienes. De esa rebeldía de chichinabis.

Volvamos a nuestro argumento, que me cabreo.

Pues eso, que el totalitarismo es la anulación del individuo como tal y su integración como engranaje único y necesario en la gran máquina de la felicidad y la justicia globales. Un Deber Histórico. Un Pueblo. Un Objetivo Común. Una Lucha. Un Enemigo.

Pues en esto estamos ya… En todas partes, no es exclusivo de Catalunya ni de España. El totalitarismo se cierne sobre todas nosotras sin que nadie parezca advertirlo.

Han polarizado el mundo en izquierda y derecha. Se odian a muerte. Todo es ultraderecha o ultraizquierda. No hay posibilidad de debatir ideas. Tolerancia cero con la intolerancia. Intolerante con la intolerante. ¿Con quién debatir si todas son intolerantes?

Pero estos 2 supuestos enemigos a muerte son el mismo bloque totalitarista. El del pensamiento único. El de la propaganda. El de la disidencia controlada. El moderado. El justo. el bueno.

Ya véis por dónde voy, ¿no? El peligro del totalitarismo es que deshumaniza a las personas y las convierte en instrumentos de un gran Objetivo Universal. Un sistema que vive de y para las personas pero guiado por las madres y padres que conocen y diseñan ese objetivo. Con el nazismi o el estalinismo fue sencillo: malos directamente. No hay matices. Totalitaristas. Pero esa caricaturización nos hace perder de vista lo que realmente significa totalitarismo y el riesgo que supone.

Totalitario, per se, no es algo necesariamente malo. Si ese totalitarismo estuviese guiado por una persona o entidad justa, limpia, humana y buena, podría conducir a una sociedad feliz. Ponle revolucionarias profesionales, dictadores, consejos de sabios, mesías… La idea es la misma. Tanto izquierdas como derechas aspiran a eso: dirigir a su pueblo entregado. Llevarlo al Fin de la Historia.

Seguimos.

Posteriormente, se fue a Israel a cubrir el juicio a Eichmann y allí sí que flipó. Resulta que el monstruo responsable del exterminio de millones de judías era un tipejo normal. Un gachó absolutamente normal, preocupado por su familia y su trabajo, por sus vacaciones y su futuro, por sus vecinas y por ser buena persona para la sociedad. Una persona como cualquier otra que sometía sus principios éticos y morales a una autoridad superior, independientemente de lo que esa autoridad superior ordenase. Acríticamente.

Y aquí ya tenemos el verdadero peligro identificado. EL Mal, así en mayúsculas, es el totalitarismo. Y su agente son las personas normales. La mayoría de las personas.

Se dejó por identificar si el totalitarismo está dirigido por una élite o es la propia masa la que crea a su élite. No lo ha logrado nadie. Creo. Ernesto Castro podría ayudar en esto. Yo no soy un erudito. Ni un filósofo. Pero se acabarían muchas consparanoias de reptilianos, illuminatis, annunakis y heteropatriarcados…

Consparanoia Old School

El siguiente eslabón de esta cadena lo encontramos en Un Mundo Feliz y en 1984. Ambas novelas distópicas que nos presentan unos futuros totalitaristas aparentemente divergentes, aunque muy muy parecidos en el fondo.

La idea básica es la de las personas sometidas y entregadas a la cosmovisión del régimen que provee felicidad y seguridad.

Totalitarismo sostenido por personas normales. El Nuevo Orden Mundial. Todas libres y felices.

¿No?

Seguiremos…

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