Apreteu, apreteu, que nosotras vamos haciendo República…

Hace un par de años Catalunya estaba cubierta de carteles proclamando las bondades de la futura República Catalana: servicios públicos de calidad, enseñanza gratuita, soporte a las familias desfavorecidas, hogar para todas, pensiones dignas, fin de la precariedad laboral, unicornios rosa, hobbits que te hacen la cena y limpian la casa y muchos otros brindis al viento, como si la República fuese a florecer por el mero hecho de constituirse.

El problema es que las que nos quieren llevar a esa República maravillosa son reinonas del neoliberalismo más salvaje. Así que algo no me cuadra…

A modo de ejemplo; ¿sabes por qué en Primaria son tan reacias a derivarte a una especialista o a una prueba diagnóstica? ¿Realmente tenemos una lista de espera de 7 meses para hacer una radiografía de la mano a una mujer de 70 años? ¿Por qué es tan habitual salir con una receta de un antihipertensivo pero tan difícil que te receten algo para la sequedad ocular?

La razón es muy sencilla: porque ese centro de atención primaria que tú, inocente, crees un servicio público, es sólo de titularidad pública pero de gestión privada. Y esas pruebas diagnósticas, esa visita con un especialista o ese medicamento concreto van a cargo de la gestión privada. Ups! Sorpresa!! Resulta que el bienestar de la población no es el único criterio…

Vale, sé que muchas de estas privatizaciones se han hecho como conciertos, no como contratos… Pero estos conciertos han sido diseñados exactamente igual que contratos, así que no cambia nada más que el nombre (y la tributación ventajosa que obtienen y que suelen ser consorcios público-privados con las mismas personas detrás…).

Ese centro de primaria recibe XX€ por cada ciudadana que tiene adscrita. Cómo se gestione es cosa privada. Y el «improbable» beneficio también…

Vaya, vaya…

Pues Catalunya está abarrotada de estas soluciones público-privadas en todos los ámbitos: sanidad, servicios sociales, reciclaje, aguas, educación… Soluciones que, by the way, suelen tener caras conocidas detrás; incluso a nivel consellers/eres…

Y ahora, aprovechando el sarao que tenemos, lo que pretenden los próceres de la República es colarnos un golazo de campeonato tratando de lavarle el jeto a esta privatización encubierta de los servicios públicos: la Llei Aragonès.

A primera vista podría parecer una ley lógica que pretende establecer unos criterios más éticos en la contratación pública: reducir el peso de los aspectos económicos en los pliegues de condiciones, potenciar aspectos de bienestar de las personas trabajadoras, bla, bla, bla…

Pero detrás, lo que hay es la apertura de puertas a la privatización de todos los servicios públicos dirigidos a las personas (salud, trabajo social, empleo…). Y eso, amiguitas, es malo, muy malo.

Malo por privatizar un servicio público. Peor porque es una nueva puerta abierta a la corrupción. A que los que deciden qué se «privatiza» monten empresas que asuman esa externalización. Ya ha pasado. Está pasando.

Curiosamente, es la única ley que va a sacar adelante este Desgovern…

Apreteu, apreteu… Va a quedar guapa esta República.

Pero no lo véis. Menuda comida de tarro.